Leelah Jackson
You don't have to know a person's name to know who they are.
Historia
Los padres de Leelah eran de puertas para afuera la clase de gente amable y agradable que siempre tenía tiempo para ayudar al resto, que llegaba puntual a misa y que nunca daba una mala imagen, sin importar lo que eso supusiera.
Así que en cuanto tuvo la oportunidad —en forma de beca para una universidad a cuatro estados de distancia—, Leelah se marchó de Red Bay sin echar la vista atrás y cortó todo contacto con su familia, sin importarle si eso implicaba dejar atrás y abandonar a gente a la que quizá habría querido llevarse, como su hermana.
Al principio le costó un poco soltar su pasado, incluso después de cambiarse nombre y apellido, pero si algo bueno tenía estudiar una ingeniería, era que no dejaba demasiado tiempo a nada. Tal fue su foco en carrera y máster posteriormente, que ni siquiera le dedicó tiempo a hacer amigos o socializar hasta que, en su primer trabajo, prácticamente la obligaron.
Fue a través de aquellas primeras y genuinas amistades que Leelah empezó a descubrir quién y cómo era de verdad, qué le gustaba hacer y en qué quería centrar el potencial que sabía que tenía. Todo comenzó como lo hace siempre, con un sueño y nada de dinero que les permitiera llevarlo a ningún lado. Sin embargo, entre ella y sus dos socias, las certificaciones que obtuvieron cada una y dedicar medio día a un trabajo que pagase y la otra mitad a aquella estúpida idea, lograron algo.
SNITCH no tardó mucho tiempo —para el sector que era— en convertirse en una agencia de élite que auditaba sistemas de alta seguridad para gobiernos, bancos y multinacionales, encontrando vulnerabilidades antes de que los ciberdelincuentes lo hicieran.
Así que para la edad de 35, Leelah vivía cómodamente de su trabajo como CEO de la empresa —si bien no había publicados más datos suyos que los estrictamente necesarios publicados y la mayoría de sus empleados no podía ni ponerle cara— y ya había dejado su anterior puesto, necesitando empezar a vivir de una vez. Por más que llevase diecisiete años fuera de casa, la voz de sus padres recriminándole que fuese una solterona y un fracaso de mujer era algo que no había desaparecido. Tenía casa, tenía coche, tenía mascota... Sólo le faltaban un buen marido y descendencia, ¿no?
El único problema es que no le interesaban los maridos, como concepto y que la idea de tener hijos sola era aterradora... Sin embargo, después de hacer un DAFO, evaluar los riesgos y hacer el correspondiente estudio de viabilidad —una no llegaba lejos sin todo eso—, concluyó que al menos una criatura podía gestionarla por su cuenta. O eso esperaba.
Así que siguió adelante y, aunque sabía que iba tarde porque ya tenía sus 39 años para cuando consiguió quedarse embarazada, finalmente Asher nació perfectamente sano. Leelah se dedicó en cuerpo y alma a su hijo —es algo que sigue haciendo— y desde que lo sostuvo en sus brazos por primera vez decidió que haría cualquier cosa que fuese necesaria por mantenerle sano y salvo. Aquella promesa que se hizo a sí misma era una que no pensaba tener que ver cumplida tan pronto, cuando en una auditoría rutinaria, uno de sus equipos hackeó algo que no debía y puso en peligro no sólo sus vidas, si no también la de ella y su hijo.
La misma noche en la que el último miembro del equipo sorprendió a todo el mundo que le conocía saltando delante de un tren, Leelah llenó varias maletas con lo imprescindible, cargó varios equipos en el coche y se llevó a Asher en un viaje sorpresa. Había pasado las últimas semanas diseñando aquel plan de escape y tenía unos cuantos coches para cambiar de uno a otro ya preparados de camino al odioso pueblo al que había jurado no volver nunca.
Sin embargo, una promesa valía más que un juramento... Un juramento podía romperse, pero una promesa, mientras se siguiera intentando, era irrompible.
Así que fue en plena noche cuando Leelah y Asher Jackson llegaron a Red Bay —ella habiendo recuperado su nombre y apellido originales— y se dirigieron directamente a una casa que Leelah había comprado días atrás desde una empresa fantasma por si hubiera llegado a hacerle falta.
Trivia
Nombre real: Violet Matthews
Nombre actual (y de nacimiento): Leelah Jackson
Fecha de nacimiento: 21 junio de 1979
Edad: 47 años
Familia: Peter y Mary Jackson (padres), Dana Jackson (hermana), Asher Jackson (hijo).
Mascotas: Luffy (gato) y Kafka (conejo).
Ocupación conocida: real estate; compra-venta de inmuebles.
Datos random:
⛥ Era una empollona cuando estaba en el colegio y en el instituto, no sabía hacer amigos y lo único que se le daba bien era sacar buenas notas.⛥ A día de hoy sigue sin saber socializar y es un poco torpe al interactuar.⛥ Llevaba gafas gigantes y aparato de dientes cuando era más joven y algunos compañeros se reían de ella por eso. Ahora usa lentillas porque sigue teniendo complejo con ello, usando las gafas rara vez y sólo dentro de casa.⛥ Finge trabajar en la compra-venta de casas porque es más seguro que hacer público su trabajo real.⛥ Tiene toda una instalación para teletrabajar montada en el sótano y está trabajando en habilitar un sistema que sólo abra la puerta con escáner de retina por si acaso. De momento la puerta sólo tiene candado y mucha fe puesta en ella.⛥ Adora la música clásica y es algo que suele escuchar para relajarse con una buena copa de vino tinto por las noches.⛥ No ha visto a sus padres desde que se marchó y está intentando atrasar el encuentro todo lo posible porque sigue estando aterrorizada de ellos.